Rantanplán es uno de los perros más divertidos del mundo del cómic.

Lucky Luke siempre nos pareció un poco pagado de sí mismo. Sí, es verdad, era un pobre cowboy solitario cabalgando hacia el atardecer, pero había algo de alma de plástico en su personalidad. De otro lado, su contraparte, los Hermanos Dalton – a los que inevitablemente uno quiere, consciente de que la maldición de su pésima suerte siempre les condena al fracaso – tampoco acabaron de generar nuestra completa adhesión. Menos aún Jolly Jumper, caballo del protagonista, más engreído aún que su dueño.

Quien siempre nos pareció alguien con el que identificarnos fue Rantanplán, quien como nosotros – o como Don Quijote – va por el mundo con una película en la cabeza que no siempre se corresponde con la realidad… y, aun así, disfruta moderadamente de la vida.
Rantanplán es la respuesta en cómic al perro televisivo por excelencia: Rin tin tin… un pastor alemán tan resolutivo y perfecto, que llegaba a cargarnos.

Rantanplán era todo lo contrario. Un desastre. Seguía a los Dalton más que por sentido del deber, por su amor por Joe Dalton, al que consideraba su amo. Ello llevará a todo tipo de circunstancias tan equívocas como desternillantes. Rantanplán a pesar de su monumental despiste es honesto, cariñoso y fiel. Su talón de Aquiles, como no podía ser otro, es su voraz apetito… ¿os suena?

Pero este no es el único compañero perruno de cómic, ¿Verdad?

 

 

 

 

Elogio de Rantanplán