Quién sabe cuántos maravillosos gatos dejaron de pintarse por la temprana muerte de Franz Marc

Tumba de Wagner

 

Entre las muchas cosas que se llevo el horror de la Primera Guerra Mundial, una de las que a nosotros más nos duelen es la de los gatos que ya nunca llegaría a pintar el gran Franz Marc, quien con sólo 36 años murió en la Batalla de Verdún, en 1916.

Pionero del expresionismo y uno de los pintores más misteriosos y evocadores de todo el siglo XX, Franz Marc encontró en los animales una fuente de inspiración, al tiempo que un modo de devolverle a la naturaleza toda su carga simbólica y todo su misticismo. Los animales son para él, sin duda, receptáculos de belleza, de pureza y de verdad.

En ese sentido, los gatos – que empiezan a poblar sus pinturas desde 1911 – no son una excepción. Gatos que duermen, que se estiran, que se rascan, que se acompañan, que caminan, que miran… toda una fenomenología felina que desborda la pintura del genio muniqués, envuelta en la pureza de sus tonos blancos; en la espiritualidad de sus azules; o en la quietud de sus amarillos.

La guerra le privó a la pintura de otros gatos de Franz Marc, pero nada podrá privarnos ya del inefable deleite de la deliciosa colonia que salió de sus pinceles.

 

 

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