Borges Beppo

Jorge Luis Borges amó mucho a todos sus gatos, pero Beppo fue siempre especial para él.

 

Beppo era un gato de mal genio. Quizá, por ello, se llevaba tan bien con su amo. Borges se hacía el distraído, se mostraba ausente, mientras Beppo se ensañaba con los cordones de sus zapatos. Luego – una vez se había hartado de jugar – le reclamaba subirse a su regazo, a lo que su dueño asentía en silencio, con un gesto. Allí quedaba dormido, ronroneando, mientras las yemas suaves del escritor recorrían armónicamente su pelaje. Beppo fue uno de los grandes consuelos de su ceguera. En cierta ocasión, Fanny, su ama de llaves, le describió a Borges cómo Beppo se había enfurruñado ante un espejo, al pensar que aquel gato que veía enfrente debía de ser un poderoso rival. Con su habitual capacidad para la imagen introspectiva, en 1981, le dedicó un poema de su obra “La Cifra”. ¡Ojalá os guste tanto como a nosotros!

Beppo


El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa, son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos,
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Enéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?